Vitamina K o fitomenadiona

 Categorí­a: Nutrición

La vitamina K forma parte de las vitaminas liposolubles (que se disuelven en grasa). Son importantes para mantener la correcta coagulación de la sangre, evitando la posible aparición de hemorragias, el sangrado de nariz y, favoreciendo la cicatrización de heridas. Además, ayuda a mantener los huesos fuertes, evitando la osteoporosis, las fracturas y descalcificación.

Asimismo, posee propiedades anticancerígenas, controlando y evitando la expansión del cáncer en las células.
   

Según estudios, esta vitamina podría prevenir enfermedades cardíacas y del sistema circulatorio. Del mismo modo, alcanzaría a detener el colesterol malo y a mejorar el funcionamiento del sistema digestivo.

Esta vitamina se produce en los intestinos y se encuentra en la naturaleza de dos formas distintas: sintetizada por bacterias (vitamina K2) y en las plantas (vitamina K1). A su vez, existe la vitamina K3 que es artificial y sintética.

Por otra parte, se encuentra en alimentos de origen animal, especialmente en la yema de huevo y el hígado. Y en vegetales de color verde oscuro: acelgas, hojas de nabo y espinacas. Además podemos encontrarla en espárragos, kiwi, coliflor, bananas, fresas, cereales, oliva o en el aceite de soja.

Existen también suplementos artificiales que deben indicarse bajo receta médica y en caso de deficiencia de vitamina K en el organismo. Si bien es cierto que se necesitan dosis pequeñas de vitamina K y es difícil detectar su carencia, la deficiencia puede suceder en algunos casos.

La falta de vitamina K puede ocurrir por desordenes en el metabolismo, por un problema en el intestino, lesiones en el sistema digestivo o por una mala absorción u obstrucción en los conductos de la bilis. Los riesgos de esta deficiencia pueden ser varios: hemorragias internas, descalcificación, malformaciones óseas y sangrado al orinar, en nariz, encías o heces.

La ingesta diaria adecuada, para una persona adulta, es de 120 miligramos. Sin embargo, el organismo almacena vitamina K en su interior, por lo que no es necesario suplementos artificiales.

Se recomienda ingerir alimentos con vitamina K enteros, hervidos o cocinados. La congelación de la comida disminuye los nutrientes de la vitamina en un 20%.

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